La cruda realidad de las tortugas de agua

Son muchos los aficionados a tener tortugas como animales de compañía aunque una gran mayoría desconoce su tamaño final y los cuidados que requieren. Este desconocimiento provoca su abandono en entornos naturales y los posteriores daños por competencia con otras especies.

La realidad de las tortugas de agua
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La conocida como tortuga de "orejas rojas" (Trachemys scripta elegans) ha sido una de las mascotas estrella de nuestros hogares en tiempos no muy lejanos. Un animal que poblaba las tiendas de animales y que se vendía casi al peso a los emocionados nuevos dueños. Su pequeño tamaño inicial, sus lentos movimientos fuera del agua, su cómoda relación con el ser humano y una supuesta facilidad de mantenimiento hicieron de esta genuina tortuga una mascota muy apreciada por gran número de teóricos amantes de los animales. La cruda realidad, como siempre, es muy distinta: estos animalitos crecen... ¡y mucho! ensucian y huelen. 

Un abandono cruel y problemático

En un primer momento se las emplazaba en la típica tortuguera pequeña e inadecuada para la vida de cualquier especie. Eso sí, casi todas disponían de una maravillosa isla con palmera. El propietario no tiene ni idea cada cuánto tiempo debe cambiar el agua, si debe o no echar anticloro al líquido elemento o si el nuevo amigo come comida preparada o se alimenta de las moscas que sobrevuelan su genuino y paradisíaco entorno. Todas estas dudas conducen a las irremediables molestias, las molestias conducen al malestar familiar y el malestar familiar conduce de forma inexorable al punto final: "vamos a deshacernos de este bicho".

Estos animales proceden originariamente de Norteamérica, en la naturaleza eligen aguas tranquilas rodeadas de vegetación donde encuentran con facilidad el preciado alimento. Esta bucólica estampa se disipa cuando el propietario, harto de limpiezas de tortuguera con palmera y desbordado por el creciente tamaño de aquel pequeño animal, decide que su nuevo hogar sea el río del pueblo de sus padres. Por supuesto que nuestro humano protagonista no se para a pensar en las posibilidades de supervivencia de la tortuga ni en los problemas medioambientales que esa nueva incorporación puede causar en un entorno inadecuado. Esta dulce tortuguita es capaz de transformarse en una "tortuga ninja" si las condiciones le son adversas: se alimenta de los seres vivos que merodean su entorno (peces, anfibios...) y no satisfecha con la simple degustación es capaz de satisfacer su apetito sexual con las tortugas autóctonas. Lo peor de todo es que este hecho provoca el nacimiento de tortugas que ni son autóctonas ni de "orejas rojas", como pueden imaginarse, este natural desahogo sexual provoca una situación de grave riesgo para nuestras escasas y desconocidas especies.

Etiquetas: Abandono de animalesTortugas

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