Por qué es tan importante que tu perro tenga horarios fijos

A nuestro mejor amigo le encanta la rutina por lo que debemos seguir unas pautas al cabo del día que no debemos modificar si queremos que conserve la calma. ¡Puntuales como un reloj suizo!

Seguiremos unos horarios para que no se estresen

Los perros son animales de rutinas, como nosotros, aunque a veces nos salgamos de ellas. Por eso, cuando un peludo llega a nuestra casa debemos establecer unos horarios en los que satisfaceremos sus necesidades básicas y también las de entretenimiento e higiene. Los horarios son estrictos y es conveniente no saltárselos.

Cuando el perro llega a casa, los miembros de la familia nos reuniremos las veces que haga falta para aclarar las pautas de la nueva situación. A partir de ahora tendremos nuevas obligaciones, nuevas formas de actuación que nadie debe saltarse. Toda la familia (sin excepciones de edad ni ocupación) participará de las normas que se decidan en democrático consenso, desde el más pequeño al más venerable. Todos estamos tremendamente ocupados y, por supuesto, nuestras obligaciones son muy importantes pero si dejamos que el día a día de nuestros peludos sea un caos, nosotros notaremos el desorden en su comportamiento e incluso organismo.

El cachorrito de hoy, esa entrañable y tierna criatura, se transformará en un adulto, en un animal que querrá subir en el escalafón familiar y establecer sus normas. No es que se haga malo, es su forma natural de comportarse. Los cánidos en estado natural intentan subir posiciones y superar el estatus de poder del resto de los individuos de la manada. No lo harán durante toda la vida, sobre todo se descontrolarán en su “adolescencia” (de nuevo otra similitud con el humano).

Estos inevitables actos de rebeldía se superarán mejor si tenemos claro lo que se pretende y si no existen fisuras en las normas de actuación.

Las bases del horario

Cuando el animal llega a casa tendremos entre todos que pensar qué horario será el mejor para darle sus comidas; cuándo podremos sacarle uno u otro por la mañana, mediodía y por la tarde (establece el número de salidas con su veterinario); cuándo le toca el baño (una vez al mes aproximadamente) e incluso los horarios de sus siestas. Lo va a agredecer.

Si por el contrario variamos los horarios, le damos de comer entre horas, si le dejamos subirse a la cama y pasear libremente sin su correa... estará adquiriendo unas costumbres que considerará obligatorias para siempre y que le facilitarán su escalada en la pirámide de poder familiar. Estamos permitiendo al animal un estatus diferente al que querremos. Y decimos esto porque solo puede generar problemas, problemas que en muchos casos plantean la ruptura de la relación.

Toda la familia deberá estar de acuerdo en los horarios y seguirlos estrictamente

Sabemos que es casi imposible que todos los miembros de la familia cumplan las mismas pautas... Pero hay que tomárselo en serio, si no lo hacemos, atengámonos a las duras consecuencias: comportamientos inadecuados (mordiscos, gruñidos...), riesgo de accidentes...

Recordemos siempre que llegados a ese punto el perro no tiene la culpa, su aprendizaje se construye sobre nuestros aciertos y nuestros errores en su educación. Es fácil hacerlo bien y muy difícil corregir las consecuencias de una mala educación. De todas formas, en el caso de que estemos en este punto, la solución estará en encontrar a un educador que nos ayude a establecer unos buenos modales que nunca debieron truncarse.

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