¿Es el perro un ser sensible?

Está claro lo que nos hace sentir nuestro pequeño colega peludo cuando jugamos con él o cuando nos da un lametazo, pero ¿qué sabemos de su sensibilidad?

Conservan las características de su juventud
Conservan las características de su juventud

Todos los que compartimos nuestra vida con un perro somos conscientes de su especial y fina forma de sentir: esos arrebatos de alegría cuando entramos por la puerta de casa no son otra cosa que una demostración de amor incondicional, algo que sólo puede ser expresado por un ser vivo con una sensibilidad a flor de piel, una sensibilidad en estado puro.

El perro lleva compartiendo nuestras vidas miles de años, un largo tiempo durante el que ha tenido que adaptarse a nuestros entornos, a nuestras formas de ser, a nuestra mayor o menor sensibilidad, a nuestra variopinta tolerancia y a nuestra más que dudosa inteligencia.

Pensemos por un momento en nosotros mismos, en nuestras vidas. Cuando somos jóvenes, nuestras demostraciones de amor, de cariño, de sensibilidad, son explosivas: queremos gritar, cantar, llorar, besar, saltar... ¡Y lo hacemos! La pureza de nuestras sensaciones nos lanzan a ejecutar acciones que el tiempo y la aburrida madurez nos corta de raíz.

¿Por qué dejamos de expresar nuestros sentimientos? Quizás nos de miedo o vergüenza que nos tachen de "ñoños", de blandos, de débiles, de "sensibleros".

El ser humano empieza a ocultar su sensibilidad en el mismo momento en que rechaza las muestras de cariño de sus semejantes ante los ojos de otros semejantes. Los besos y abrazos que una madre propina a su amado hijo delante de los amigos de la pandilla podrían ser un buen ejemplo. ¿Cómo vas a dejar que tu madre te infle a besos delante de tus amigotes? ¿Cómo vas a permitir esos ataques de amor a la vista del chico o de la chica que te hace sentir un nudo en el estómago? ¡Pensarán que eres un "blandengue"! ¡Que vives debajo de las faldas de tu madre! ¿No nos hacemos un poco estúpidos al crecer?

Y volvamos nuevamente con nuestro buen animal. Los grandes expertos del conocimiento del comportamiento utilizan un "bonito palabro" con un interesante contenido: neotenia.

La neotenia es el mantenimiento de juventud emocional del perro durante su vida

Pues ni más ni menos que el mantenimiento de las características juveniles del perro durante toda su vida. Es decir, que los perros domésticos son algo así como lobos que nunca llegan a madurar, seres siempre jóvenes y desinhibidos, con la sensibilidad a flor de piel.

Quizás con el concepto de neotinia vayamos comprendiendo un poco mejor esa especial sensibilidad del mejor amigo del hombre que siempre está dispuesto a demostrar.

Cuando nos decidimos a incorporar a un perro a nuestras vidas, estamos realizando un acto de fe, un acto de amor y una cita a ciegas: no sabemos qué nos vamos a encontrar, qué nos deparará el destino en nuestra nueva relación pero... ¡Tenemos fe! Estamos convencidos de que todo irá bien, que nuestro total amor hacia esa figura idealizada llevará la relación a buen puerto.

En el momento de tomar la decisión de compartir la vida, nuestra vida con un animal, estamos desempolvando nuestra sensibilidad, algo que en la mayoría de las ocasiones se va cubriendo con una espesa capa de desengaños, disgustos, problemas... ¡Cómo pesa el paso de los años y la inevitable adquisición del "estatus de persona adulta" integrada en la sociedad!

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