El instinto de supervivencia en perros

Cuando un can advierte un peligro, una agresión o que su territorio deja de estar protegido, su cuerpo activa un comportamiento para defenderse. ¿Qué hacen?

Ante el peligro el perro reacciona bajo impulsos

Un perro, cualquier perro, de cualquier raza o condición, presenta fundamentalmente dos instintos: el de supervivencia y el de caza. Pero hoy vamos a centrarnos en el primero.

El instinto de supervivencia es el primordial para la salvaguarda de la existencia de un ejemplar y de la de su descendencia. Ante cualquier peligro, ante cualquier problema, siempre se activa el impulso de sobrevivir con comportamientos encaminados a conservar la integridad vital.

¿Cuáles son los comportamientos que se activan por el instinto de supervivencia? Los siguientes:

· El comportamiento de huida: es el que hace que el animal escape "como alma que lleva el diablo" ante posibles peleas, o el que hace que evite agresiones de sus propios congéneres o de los humanos. Mediante este comportamiento, consigue alejarse y buscar refugio ante la evidencia de una tormenta o ante la presencia de situaciones, individuos u objetos desconocidos.

· El comportamiento de evitación: es el que se presenta cuando no pueden huir. Ante determinados peligros, el animal ve imposibilitada su vía de escape. Ante esa situación presenta conductas de evitación, como apartar la mirada, adoptar conductas sumisas...

· El comportamiento de defensa: es el que aparece como sistema de protección de las propiedades o de todo aquello que de una u otra forma el animal considere suyo: territorio, pareja, descendencia, objetos, manada humana...

El instinto de supervivencia también puede ponerles en peligro

Aunque parezca una paradoja, en ciertas ocasiones el instinto de supervivencia de un animal puede ser el origen de graves problemas, el desencadenante de situaciones que pongan al individuo sobre la delgada línea que separa la vida de la muerte.

Aquella tarde, el camino hacia mi casa, en un tranquilo pueblo a las afueras de Madrid, no se veía jalonado por la interminable y habitual caravana de vehículos... Casi puedo asegurar que estaba disfrutando del trayecto.

De repente, un pequeño perro cruzó como un tiro la carretera.

Paré el coche como pude y tras recuperar el aliento me dirigí hacia el lugar por donde el asustado animal había desaparecido.

Allí estaba. Se había acurrucado en una escombrera.

Alguno de sus progenitores debió ser un correcto ejemplar de beagle: era tricolor, de tamaño mediano, cubierto de suciedad y saturado de miedo.

Me agaché cerca de él, le dirigí palabras cariñosas, le extendí mi mano lentamente.

Esquivaba mi mirada, intentaba desaparecer entre las toneladas de piedras.

Yo no llevaba nada de comer en el coche, algún tipo de alimento que hubiera podido facilitarme su confianza. No quería precipitarme, no quería intentar cogerle sin dedicarle el suficiente tiempo. Pero estaba muy asustado.

Alguno de mis movimientos, o quizás algo en mi mirada, provocaron que su instinto de supervivencia se disparara sin freno, seguro que impulsado por situaciones o experiencias anteriores que le enfrentaron a serios peligros para su integridad física.

No pude pararle, salió volando... ¡¡Hacia la carretera!!

Esta vez no tuvo tanta suerte como cuando se cruzó delante de mi coche. Esta vez le tocó perder.

Fue un golpe brutal. Me acerqué a recogerle sin demasiadas esperanzas. Su sucio y maltrecho cuerpo no respondía.

Por suerte, la diosa Fortuna no estaba totalmente de espaldas: fractura de fémur y múltiples fracturas en la pelvis.

Sueros, antibióticos, cirugía, antiparasitarios, baños, buenos alimentos, cariño... Hoy tiene una maravillosa familia.

El instinto de supervivencia de Fly casi le conduce a la muerte. Por suerte, el instinto de supervivencia que le quedaba le hizo fuerte y valiente, tanto que volvió a recuperarse y pudo tener una buena vida.

Carlos Rodríguez

Carlos Rodríguez

Soy veterinario, inquieto, músico adoptado y pintor sin lienzo.

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