La educación del ave, ¿cómo le enseño trucos?

Un vez que nuestro pájaro se ha acostumbrado a nuestra presencia y se encuentra a gusto con nosotros nos apetece enseñarle ciertas normas. ¿Cómo lo logramos?

Las repeticiones y los snacks serán imprescindibles
Las repeticiones y los snacks serán imprescindibles

Antes de entrar en materia de enseñarle trucos a nuestra ave, debemos tener muy presentes los siguientes puntos:

- Para conseguir que un animal realice una acción o imite sonidos debemos armarnos de grandes dosis de paciencia.
- Tendremos que repetir, repetir, repetir, repetir, repetir...
- Es más fácil enseñar a ejemplares jóvenes que a los adultos.
- No pasaremos a la segunda lección sin tener perfectamente dominada la primera.

Debemos tener en cuenta la especie de nuestro pájaro y las capacidades que este presenta, no todos los animales sabrán imitar sonidos ni tendrán la misma facilidad para realizar trucos.

Con este punto claro, es mejor empezar por enseñarle a vivir correctamente en tu hogar, es decir, que la convivencia sea óptima, una vez superada esta barrera podremos empezar a enseñarle cosas graciosas.

Comenzando el aprendizaje

Cuando el pájaro se sube a nuestra mano, picotea el alimento que le ofrecemos, no nos considera un ente extraño y sí un personaje cercano, podemos aumentar la dificultad de la educación pero evitando todo tipo de riesgos. A partir de este momento, podemos intentar sacar al animal de la jaula, pero para ello, previamente nos habremos asegurado que no existe posibilidad alguna de fuga, ni de lesión.

Con todas las medidas de seguridad adoptadas, podremos sacar a nuestro amigo. Intentaremos que pase de uno de nuestros dedos a los de la otra mano o a los de otra persona de la familia que también haya estado participando en el sistema educativo.
Las clases educativas se verán muy favorecidas con el ofrecimiento de sugerentes manjares como premios.

Cualquier enseñanza a partir de este momento dependerá de cada propietario, de la capacidad del animal, del tiempo que se pueda invertir, pero teniendo siempre presente que estamos educando y jugando respetuosamente con un ser vivo, no con un ordenador portátil, ni con la Xbox de turno.

Nuestro loro debe saber que somos de confianza pero somos una autoridad

Para que el proceso educativo con un loro llegue a buen puerto, tenemos que hacerles comprender que somos su bandada, pero que somos también sus jefes. Un loro adulto llega a tener la capacidad intelectiva y emocional de un niño de unos dos años (algo que sucede también en el caso de los perros). Por ello siempre estarán demandando nuestra atención y “dándonos varias vueltas de tuerca” para intentar esquivar nuestras enseñanzas.

Es fundamental evitar que el loro se crea el jefe. Para ello es vital la colocación de la jaula, jamás deberá estar por encima de nuestras cabezas, ya que en la naturaleza los loros dominantes se sitúan en las ramas más altas. La posición ideal es comenzar por una inferior a la de nuestros ojos para, cuando consigamos los resultados deseados, colocar la jaula a nivel de nuestra mirada.

Los pasos a seguir

Cuando consigamos que el animal suba a nuestra mano, pase de la mano a su percha, le premiaremos con algún alimento sugerente, con una caricia, o con palabras amables. En el caso de los loros, debemos acompañar siempre las acciones con órdenes: “sube”, “baja”, “no”, etc.

Pero si por el contrario el animal no nos hace caso, cuando ya estamos en un periodo avanzado de la educación y “nos entiende”, podemos darle una voz fuerte e incluso mirarle fijamente con enfado. El loro es muy capaz de entender nuestro estado de ánimo y por tanto debemos mostrárselo para reforzar o reprimir sus actos.

Pero la mejor forma de reprender a un loro es ignorarlo. Si no hace caso, si nos grita o si nos pica pasaremos de él durante un periodo largo de tiempo (10-15 minutos). Si el animal está dentro de la jaula sería conveniente reforzar el castigo cubriendo la jaula.

Está terminantemente prohibido aplicar castigos físicos a los pájaros, no conseguiríamos más que respuestas agresivas.
Muchas personas intentan enseñar sonidos a sus loros cuando ni siquiera el animal se ha adaptado a su nuevo hogar, esto es un tremendo error que desgraciadamente conduce, no en pocos casos, a la gran decepción del propietario y a que se deshagan, de una u otra forma, del animal.

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