La educación de las aves. Los primeros días en casa

Partiendo de la base de que cada especie tiene sus capacidades, vamos a mostrarte cómo hacer de tu pájaro un tipo social y educado desde el primer momento contigo. ¡Toma nota!

Primero debemos acostumbrarle a nuestro contacto
Primero debemos acostumbrarle a nuestro contacto

Cuando pensamos en la educación, enseñanza, adiestramiento, etc, de un ave, siempre nos detenemos mentalmente en aquellos ejemplares capaces de imitar la voz humana y otros sonidos o en aquellos individuos que son capaces de efectuar alguna actividad “curiosa”. Muchos tenemos en nuestro archivo mental las imágenes de una gran psitácida, tipo guacamayo, montando en una pequeña bicicleta o una cacatúa tirando de un carrito... Estas “curiosas” capacidades llegan a ser posibles por dos razones: por la capacidad “intelectual” de dichos animales y por la educación-domesticación recibida.

No pretendemos que los que tenéis un pájaro en casa, os traiga el periódico, se siente a la orden o defienda el hogar. ¡Ni mucho menos! Lo que sí pretendemos es que todos aquellos que disfrutan de la compañía de un amigo plumado en el hogar puedan tener una convivencia lo más agradable posible, exenta de problemas y con los mejores comportamientos e interacciones del animal hacia todos los integrantes del grupo familiar humano.

Con estos puntos claros, lo primero en lo que debemos detenernos es en la adecuación de la educación-domesticación a cada especie de ave.

Sería absurdo esperar lo mismo de un canario que de un loro gris de cola roja. No tienen la misma capacidad de imitación un periquito común que un loro amazónico...
Si partimos de la base que cada especie, cada individuo, tienen distintas capacidades... ¡¡Vamos bien!!

Acostumbrarle a nuestra presencia

Puestos en faena, lo primero que tenemos que conseguir es que el animal se acostumbre a nosotros. Para ello, la colocación de la jaula en una zona de tránsito habitual de la familia y en una posición a la altura de nuestros ojos favorecerá en gran medida la obtención de los deseados resultados.

El siguiente paso es armarnos de paciencia, de mucha paciencia. El ser humano pretende que los animales entiendan sus intenciones inmediatamente. Esto no es tan sencillo, afortunadamente nuestros animales de compañía no tienen ni una entrada de CD-DVD, ni puertos USB, ni sistemas infrarrojos, ni tecnología Bluetooth para descargar la información que pretendemos aportarles. Los animales de compañía requieren paciencia, cariño, recompensas, repetición... estos últimos sí son los sistemas de comunicación mediante los cuales podemos acceder “al disco duro” de nuestro buen amigo.

Cuando el ave no reacciona con intranquilidad ante nuestra presencia, podemos dar otros pasos. ¿Cuáles?

Las repeticiones serán clave para que asimile una enseñanza

Una vez que el animal considera normal nuestra presencia en los entornos cercanos a la jaula, cuando los procedimientos rutinarios de limpieza y alimentación no le causan molestias, es el momento de introducir nuestra mano despacio dentro de la jaula, y dejarla dentro sin ninguna intención, durante unos momentos.
El ave se sentirá intranquila pues no sabe que pinta ese conjunto de dedos dentro de su territorio.
Esta acción se repetirá un par de veces al día y todos los días que sean necesarion hasta que el animal no se sienta incómodo ante la presencia de nuestra mano. En este proceso puede ayudar que entre los dedos llevemos algún alimento apetecible para el animal.

Un paso más será intentar tocar al animal, eso sí, siempre que los pasos anteriores estén conseguidos. Muchos propietarios intentan tocar al animal el primer día, imagínate el susto del pobre amigo cuando una mano desconocida se abalanza sobre su organismo sin tener la más remota idea de cuáles son las intenciones...

Una vez el animal ha aceptado la presencia de nuestra mano en la jaula, cuando incluso la utiliza como un palo más de descanso, en ese momento, y muy despacio, intentaremos tocar al animal dirigiendo nuestro dedo hacia su abdomen. Este ofrecimiento suele acabar produciendo una deseada acción: ¡¡el animal acaba subiéndose a nuestro dedo!!

Muchos de vosotros estaréis pensando que para qué tenemos que hacer toda esta parafernalia, que por qué no dejamos tranquilo al pobre animal... ¡¡Totalmente de acuerdo!! Mi única intención es que aquellas personas que quieren establecer un vínculo más fuerte o especial con su ave, sepan cómo hacerlo; eso sí, con cuidado, con respeto y ¡¡con conocimiento!!

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