¿Cómo reprendo a mi gato cuando se porta mal?

Lejos de los mitos que hablan de que los gatos no se pueden educar y que sus actos negativos no se pueden manejar, hoy os damos la clave para evitar las conductas no deseadas.

Usamos un estímulo intenso pero no dañino
Usamos un estímulo intenso pero no dañino

Un gato va a actuar como nosotros queremos gracias a las pautas educativas pensadas para su especie pero no podemos pretender educarles igual que hacemos con los perros, son especies diferentes con formas de ser muy diversas. Tendremos que adaptar el aprendizaje a cada uno. Dentro de esta educación también debemos contar con la forma de reprenderles cuando hacen una mala acción. Hoy te vamos a contar la mejor manera de castigarles.

Dejar claro desde el principio que no hablamos de castigo físico ni de ninguna acción que pueda dañar a nuestro animal. La reprimenda de la que hablamos será la de aplicarle un estímulo que resulte molesto al gato justo después de que haga algo que no nos guste. Para que este castigo tenga buenos resultados tenemos que conseguir un estímulo intenso pero nada dañino. Lo mejor es que nos pongamos en manos de un experto veterinario o en educación felina para que nos recomiende la mejor manera de corregir a nuestro peludo.

Los puntos a tener en cuenta en la reprimenda:

• Debemos realizar el castigo justo después de que el animal haya hecho la mala acción. Si lo hacemos pasados unos minutos, el animal no asociará el castigo con la acción que no nos ha gustado y será totalmente ineficaz e incluso contraproducente.
• El castigo debe estar adaptado a cada animal y a cada mala acción. Además, la insuficiente intensidad puede acostumbrar al animal a tal reprimenda y no tener efecto. Un castigo que tenga excesiva intensidad provocará nuevos problemas de conducta.
•Nunca, y repetimos, nunca deberemos insuflar un castigo físico a nuestro animal, puede agravar un sencillo problema de conducta y además llevar al animal a tener miedo, a ser violento y/o agravar el problema.

Las formas de reprimenda que vamos a seguir son:
- Técnica directa. Palabras, sonidos.
- Técnica remota. Sprays de agua, un ruido lejano…
- Técnicas con trampas o sabores amargos y olores desagradables.

La persona que castiga deberá saber seleccionar el tipo de castigo, la intensidad y las repeticiones siempre después de haberse informado con el profesional. No todos los animales reaccionan de la misma manera a un castigo, por eso tenemos que hablar con alguien que conozca realmente a nuestro animal.

Castigo directo interactivo

Vamos a realizarlo cuando nuestro minino haga una acción que no nos gusta delante de nosotros. Para disuadirle de ello, diremos un rotundo “no” o haremos un fuerte sonido como una palmada o un silbido. Suele ser bastante efectivo en gatos jóvenes o adultos sensibles. Puedes ayudarte de un producto que emita sonidos especiales para la educación como aparatos de sonidos ultrasónicos, una bocina...

El castigo remoto interactivo se hará sin que tu gato te vea

Podemos decir que este es un castigo disimulado que se hará sin la presencia del dueño, al menos a la vista del gato, ya que nos esconderemos cuando sepamos que nuestra mascota va a realizar algún acto que no nos gusta y le vigilaremos escondidos mediante un espejo o simplemente asomándonos. Puedes emitir un sonido a distancia, rociarle con un spray, darle directamente con una luz fuerte… Algo que sepas que le va a hacer parar la acción que está llevando a cabo. Esto se hace para que el animal relacione esa experiencia negativa con lo que está haciendo y no contigo. 

Castigo ambiental

En este tipo de castigo no hace falta que el dueño esté presente y ni siquiera desde un punto escondido pues lo aplicaremos en un mueble en el que le guste afilarse las uñas, en un objeto tuyo con el que le guste jugar o en una maceta que acostumbre a destrozar. Usaremos un producto de los que producen sonidos cuando el animal se acerque a dicho objeto, también podemos aplicar una sustancia o producto desagradable en el objeto que ataca como papel de aluminio, cinta adhesiva o jugo de limón.

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