¿Qué debo hacer si me encuentro un perro abandonado?

La primera actuación ante un animal abandonado es no mirar hacia otro lado. Por desgracia, encontrarnos en la calle, cruzando una carretera o deambulando por el campo a un animal sin propietario es bastante posible.

¿Qué debo hacer si me encuentro un perro abandonado?
Pixabay

Nadie pretende que de un día para otro todos los bípedos presuntamente racionales dejen de  abandonar mascotas. Bueno, pretenderlo sí se pretende, pero no somos tan utópicos. Debido a la asunción de la realidad, de la triste realidad de que el abandono nos acompañará durante “cierto tiempo”, debemos plantearnos nuestra actuación ante un perro abandonado.

La predisposición a intervenir es algo individual, depende de la experiencia con animales, de la educación recibida, de la sensibilidad personal… pero, como poco, lo mínimo que deberíamos hacer es no mirar hacia otro lado. Si vemos un perro, evidentemente abandonado, perdido, lo mínimo será hacer una llamada al 112 y pedir que nos pongan en contacto con la policía local o con el Seprona (Servicio de Protección de la Naturaleza). A pesar de que a muchos pueda sorprender, estas llamadas pueden dejarnos “aturdidos” y es que en no pocos casos entraremos en una espiral de “lavado de manos” y hábil “pase de pelota” entre unos y otros, que puede que no nos conduzca a ningún destino.

Ante esta “animosa” perspectiva, ¿qué hacer?

Lo más lógico si disponemos de tiempo, espíritu solidario y ganas, podríamos intentar recoger al animal y acercarlo a alguna clínica veterinaria para que nos indicaran si el animal está o no identificado con microchip. En caso positivo, se dará aviso inmediato al propietario pero ¿y si no tiene identificación?

A partir de ese momento no debemos pensar que el veterinario es el único responsable del problema, que nosotros ya hemos “cumplido”. En la mayoría de los casos, el profesional intentará que todo llegue a buen puerto pero no es el absoluto responsable de la situación que nosotros hemos comenzado.

Sería lógico intentar ponerse en contacto con la entidad de recogida de animales del Ayuntamiento de la población o ciudad. Es obligatorio que todos los pueblos tengan de forma directa o indirecta un servicio de recogida. El problema de estos centros “públicos” salvo honrosas excepciones es que no van más allá de ser almacenes de carne con un futuro mortal.

La opción lógica, por tanto, a pesar de ser compleja por la saturación, es intentar que el animal sea recogido en una entidad de protección privada. Estos ángeles de la guarda siempre están “a tope” en sus instalaciones pero pondrán todo su empeño en que ese animal tenga una segunda oportunidad.

Quizás después de lo comentado sí nos planteemos mirar hacia otro lado cuando nos encontremos con un animal abandonado pero ¿seremos capaces si le hemos mirado directamente a los ojos?

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