Los perros se parecen a sus dueños, ¿qué hay de cierto en esto?

¿Te han dicho alguna vez que te pareces a tu peludo? Lo que parece una broma puede tener bastante verdad intrínseca. ¡Los humanos elegimos a nuestro compañero a nuestra semejanza!

Podemos compartir incluso comportamientos

La elección de un animal u otro, de su especie, de su raza, de sus características, etc, es una carta pública sobre nuestra forma de ver la vida, de relacionarnos, de la imagen que tenemos de nosotros y de la que queremos proyectar al resto del mundo, en definitiva, de nuestra forma de ser. ¿Es la primera vez que lees que los perros se parecen a sus dueños? No lo creemos.

Claro está que estas semejanzas no son cosas del destino. No es que el día a día junto a un animal haya hecho que las características de ambos se hayan unido hasta conseguir rasgos externos sorprendentemente similares…

La semejanza entre hombre (o mujer) y animal están latentes desde el principio de la relación, desde el mismo instante de la elección por parte del humano.

Al elegir mascota buscamos características con las que nos veamos reflejados

Rasgos similares, conductas compartidas… Nuestro nuevo amigo proporciona una imagen de nosotros al resto de humanos. Un hecho parecido al que proyecta nuestra vestimenta, hobbies, corte de pelo… En conclusión, el peludo es una manera más de declarar nuestra forma de ser.

Vamos a meditarlo: echemos un vistazo a nuestro animal y observémonos a nosotros mismos. También podemos hacer lo mismo con el peludo de un colega o familiar, ¿vemos similitudes evidentes entre nuestra personalidad y la forma de ser de nuestro fiel amigo?

No pensaremos igual sobre la persona que juguetea con su border collie que la que pasea con su bichón maltés. No nos inspira los mismos sentimientos el que convive con una serpiente que el que tiene un lindo gatito…

Aquí puede venir a colación perfectamente el tema de los perros potencialmente peligrosos... ¿No nos viene a la cabeza una imagen superdefinida de la persona que les acompaña en la calle? (Hay que ir quitándose esos prejuicios).

Una mascota puede también hablarnos del estatus social del humano: los perros de gran tamaño suelen acompañar a familias acomodadas que viven en grandes hogares…

Desgraciadamente también hay personas que tienen animales exóticos para demostrar su poder adquisitivo… Suerte que poco a poco la ley va amparando a los animales exóticos que caen en manos de quien no sabe ni las necesidades básicas del animal. Recordemos que son seres vivos, no trofeos.

Aficiones y lujos

Pero sin desviarnos más del tema, en ciertos casos la relación entre el humano y su animal puede ser tan cercana que incluso compartan aficiones. Es el caso de los deportistas de canicross u otros deportes en el que persona y perro compiten juntos y crean un vínculo inquebrantable.

También se pueden compartir lujos…  Aquellos humanos sin escasez económica cuyo animal disfruta de periódicas sesiones de belleza y estética, que se alimentan de productos tan improcedentes como exclusivos o esos animales que llevan chaquetas y complementos más caros que cualquier prenda de nuestro armario.

Algunos expertos denominan esta relación como un particular ejemplo de fetichismo. Sea como sea, es, una vez más, un claro ejemplo de que el hombre busca tener un animal completamente similar a sí mismo.

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