La columna de Carlos: Los inicios de una relación. El hombre y el perro

Hoy contamos cómo llegó el perro a nuestra vida, ¿qué cambios sufrieron los antecesores de nuestros cánidos actuales para que ahora compartan nuestros hogares?

Nos acompañan desde nuestros principios
Nos acompañan desde nuestros principios

No existe otro animal que se haya entregado tanto, que haya soportado con inagotable estoicismo nuestros variados y extravagantes gustos, que haya cumplido con precisión suiza todo tipo de humanas necesidades.

Los primeros registros fósiles de cánidos son de principios del Oligoceno hace unos treinta millones de años. En aquellos tiempos existía un gran número de especies caninas, pero la que alcanza especial relevancia en la aparición de los animales de compañía es sólo una: ¡el lobo!

Estamos a punto de adentrarnos en una de las relaciones más fructíferas de la historia... ni Romeo y Julieta, ni Tom y Jerry, ni el Gordo y el Flaco... Han conseguido ensombrecer la relación surgida a partir de que el hombre y el primer canis lupus se encontraron.

Antes de conocernos

Intentemos un momento viajar hasta la prehistoria. En esta época todo es bastante más difícil: no disponemos de calefacción central ni de aire acondicionado, tenemos que andar sin zapatos... Y los animales que nos rodean son nuestros platos del día y nuestros enemigos a la hora de conseguirlos.

Ante estas circunstancias, nuestros antepasados tienen que trabajar duro: el primitivo ser humano debe observar diariamente el comportamiento de sus posibles presas, debe saber cuáles son sus territorios, sus debilidades y conocer bien al resto de predadores.

Con la llegada del Neolítico los prehistóricos se cansaron de perseguir a sus presas y de luchar para poder comer, así que comenzaron a crear rudimentarias granjas de pequeños herbívoros. ¿Por qué correr tras ellos si los podemos criar en casa?

El nacimiento de la ganadería hizo que el concepto que el hombre tenía del lobo cambiara radicalmente. Aquel hábil animal ya no era admirado por sus proezas sino que pasó a ser molesto y temido, debido al interés que demostraba por los animales que los humanos guardaban en sus granjas.
Aquellos seres siguieron pensando y determinaron que era mejor unirse a aquel animal, pero ¿cómo consiguió convencerle?

Los lobeznos aceptaron al hombre como parte de su manada

Ya en el Paleolítico el ingenioso cavernícola intentará cazar vivo a algún cánido adulto... Pero no era fácil hacerse con uno de estos temibles y listos peludos. Así que... ¡¡un cachorro!! seguro que podrá convencer a uno de los más pequeños... y seguro que los mordiscos no serán tan intensos y dolorosos como los de los adultos...

El contacto del hombre con los pequeños lobeznos le permitió conocerlo, apreciar sus posibilidades, especular con sus inagotables funciones... aquellos jóvenes animales fueron el inicio de nuestro actual animal de compañía por excelencia.
Aquellos lobeznos capturados identificaron y aceptaron a sus nuevos compañeros como parte de su manada sin grandes conflictos. La excelente adaptabilidad de su especie les permitió acatar las costumbres y las jerarquías del nuevo grupo. 

Como eran animales territoriales, defendían el hogar del hombre. Su capacidad y su interés por las mismas presas le facilitaba el abastecimiento de alimentos a su bípedo compañero... ¿Qué más se podía pedir? 

Pero aquellos hombres querían más. Eran observadores y se daban cuenta de que ciertos ejemplares estaban mejor dotados para determinadas funciones: unos cazaban mejor, otros protegían y guardaban primorosamente de los rebaños, algunos eran poco más o menos que un adorno de sus frías cuevas... casi podríamos arriesgarnos a confirmar que desde el comienzo de la relación, el hombre fue seleccionando los ejemplares que más le interesaban y eliminando a los menos manejables o conflictivos.

En un período relativamente corto, el lobo se fue transformando en un cánido social, en un animal "integrable" en los grupos humanos. Nuestros antepasados se fueron dando cuenta de que la domesticación de los animales de su entorno era algo más que interesante. En poco tiempo las variantes que el hombre fue seleccionando a partir del lobo demostraron que podían ser los mejores compañeros, los mejores útiles de caza, la mejor defensa.
Existen múltiples teorías en lo referente a la relación hombre y los primeros cánidos. Teorías para todos los gustos. Una de ellas me resulta "sugerente" y digna de valorar con cierta "apertura mental": ¿no serían los cánidos salvajes los que domesticaron al hombre? Quizás los antiguos lobos comenzaron a merodear por los emplazamientos humanos como una forma de parasitismo, como un intento de "compartir" los recursos; y después... ¡¡ya sabéis!! El roce hace el cariño... y los cánidos consiguieron sacar lo mejor de lo que aquellos rudimentarios cavernícolas guardaban en su interior, comenzando por la difícil tarea de "hacerlos domésticos".

Fieles compañeros desde el principio de ambos

Teorías aparte, podemos afirmar que aquellos primeros perros demostraron que no sólo eran una ayuda inestimable para la obtención de alimento: desempeñaron un papel fundamental en la domesticación de otras especies (pastoreo y protección de rebaños), demostraron ser unos fieles compañeros, tanto en las actividades "profesionales" como en las "lúdicas", empezaron a hacerse imprescindibles. Aquella relación de conveniencia fue sin duda la primera piedra del actual concepto "animal de compañía".

Llevamos mucho tiempo juntos, mucho tiempo; un tiempo durante el cual el hombre y el perro han establecido unos vínculos tan estrechos que son difíciles de ser valorados o explicados; unos vínculos que se han ido generando gracias a la selección natural y a la selección dirigida por la mano de hombres de tantas y tan distintas generaciones.

Esta bonita y larga historia de fructífera convivencia se confirma por el estudio del genoma de los perros. Mediante él hemos podido constatar que la domesticación de los cánidos salvajes tiene 100.000 años de antigüedad. Si a este dato le unimos el del nacimiento del Homo Sapiens (hace unos 150.000 años), podemos concluir que la domesticación de los cánidos salvajes va prácticamente de la mano al nacimiento

Continúa leyendo

CONTENIDOS SIMILARES

COMENTARIOS