¿Qué opina la filosofía sobre las cualidades de los perros?

Eso que hoy muchos estudios afirman y nosotros sabemos, que los perros sienten y tienen inteligencia, ha sido discutido por los pensadores más importantes de la historia. ¿Qué creían ellos?

Una paloma se posa sobre la estatua de Sócrates
Una paloma se posa sobre la estatua de Sócrates

Muchos de los que convivimos, trabajamos y queremos a los animales en general, y más concretamente a los de compañía, nos preguntamos por qué razones no se aplauden sus cualidades, a qué se debe la total falta de respeto que padecen, por qué no se defienden sus derechos...

Pero este problema viene de lejos. Argumentar ideas acerca de la inteligencia y demás características de los animales, y más concretamente del perro, parece haber sido una asignatura de curso obligatorio para todos los sabios y pensadores de cualquier época de la historia:

Descartes preconizaba que los animales carecían de consciencia, inteligencia o cualquier otra cualidad análoga al hombre...

Aristóteles defendió que cada especie poseía unas características propias y diferentes a las del resto, y que la diferencia entre el perro y el hombre era únicamente de grado. El bueno de Aristóteles estaba convencido de que tanto los cánidos como los humanos experimentaban emociones, siendo las de los hombres simplemente más complejas. Los dos aprenden, recuerdan, utilizan la experiencia... La gran diferencia para Aristóteles es que los humanos pueden hacer las cosas mejor.

Pitágoras y Empédocles fueron los primeros griegos en defender el respeto a los animales y preconizar el vegetarianismo.

El pensamiento abierto de Santo Tomás sobre los animales hizo temblar a la Iglesia

Santo Tomás de Aquino estableció como doctrina oficial de la Iglesia (siglo XIII) que los hombres y los perros se diferenciaban solamente en términos cuantitativos. Esta afirmación, que seguro muchos firmaríamos para nuestros buenos amigos, hizo temblar los cimientos de la Santa Madre... La doctrina de Santo Tomás abría las puertas a graves problemas conceptuales, como la posibilidad de atribuir inteligencia a los irracionales. Esto sin duda sería el primer paso para algo más grave, terrible, satánico... Abrir aquella puerta podría permitir que alguien defendiera lo indefendible: que los animales poseían alma.

La idea de la diferencia cuantitativa entre perro y hombre lanzada por Santo Tomás no tardó en ser extirpada como un maligno tumor.

Kant proponía que el hombre debía ejercitar su compasión hacia los animales, ya que aquel que se comporta cruelmente con ellos, posee un corazón endurecido para con el resto de sus semejantes. Defendía que se puede conocer a un hombre a partir de su relación con los animales... ¡¡Interesante!!

Agustín de Hipoma dijo que el único inconveniente de torturar a los animales es que podía conducir a la crueldad con los hombres...

El Papa Pío XI (siglo XIX) prohibió en Roma la fundación de una sociedad que evitaría la crueldad con los animales, argumentando que si lo permitiera, de forma implícita se estaría admitiendo que el hombre tiene obligaciones hacia los animales... ¡¡Y era Papa!!

El budismo y el jainismo preconizan la "ahimsa" (a: no, himsa: violencia) o virtud de la no violencia. En el jainismo, el mal es el dolor producido a las criaturas vivientes...

El primer precepto de Buda fue la abstención de todo aquello que pudiera causar dolor a los animales (racionales e irracionales).

En la actualidad, la mayoría de los pensadores son partidarios de la consideración moral de los animales. Esta tendencia fue impulsada por el filósofo Peter Singer, que en su libro Liberación animal expone cosas tan interesantes como esta: "... no podemos aplicar estándares distintos al sufrimiento de animales humanos y no humanos. La moral es universal. Deberíamos considerar el sufrimiento ajeno tanto como el propio, y el de otros animales tanto como el de nuestros congéneres...".

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