El tráfico de aves, una siempre actual y espantosa práctica

La venta de animales plumíferos que viven en estado salvaje sigue vigente porque los compradores tienen una simple y beneficiosa razón… Hoy nos adentramos contigo en este terrible mundo.

La causa es el menor precio
La causa es el menor precio

El tráfico de especies animales es, junto al tráfico de drogas y el de armas, uno de los principales comercios ilegales que diariamente se producen a lo largo y ancho del planeta Tierra.

Para muchos, este dato puede parecer exagerado, insólito, sorprendente... Igual que llega a ser para demasiados propietarios el enfrentarse al descubrimiento de que el ser poseedor de cierto tipo de especie de ave requiera una obligatoria “documentación”.

Muchas de las aves exóticas que habitan nuestros hogares proceden de lugares en los que vivían en estado salvaje. Las legislaciones, dictámenes y convenios internacionales pretenden asegurar la perdurabilidad de dichas especies y conseguir a toda costa la conservación de la biodiversidad.

Muchas especies avícolas han desaparecido de su origen por el tráfico ilegal

Un ejemplo: bastantes especies de loros han sufrido capturas excesivas que han conseguido disminuir de forma peligrosa sus poblaciones salvajes, poniéndolas al borde del peligro de desaparición como especie. El loro gris de cola roja, yaco o Psittacus erithacus, fue la segunda psitácida más comercializada en todo el mundo durante el periodo de 1982 a 1989. La explotación de este animal en su lugar de origen, África, era de 47.000 ejemplares cada año ¡3.916 ejemplares al mes! ¡¡130 ejemplares al día!!

Por suerte, este “hablador” animal sigue siendo una especie relativamente abundante en África ecuatorial, pero también es cierto que su comercio ha provocado la disminución, casi desaparición, de ciertas poblaciones en determinados lugares.

En las tiendas especializadas podemos encontrarnos con animales procedentes de importaciones legales o con ejemplares de la misma especie criados en cautividad. La tendencia actual es que el mayor número de ejemplares procede de la cría.

En Estados Unidos, por ejemplo, está totalmente prohibida la entrada de animales salvajes, procediendo todas las aves que salen a la venta de la cría en cautividad.

Pero, desgraciadamente, y a pesar de que todo (hasta el sentido común) conduce a que las aves domésticas han de salir de la cría en cautividad, existe cierto tipo de propietarios y criadores que siguen buscando animales que proceden de su lugar de origen, animales que arrancamos de su plácida y tranquila vida salvaje.

¿Cuál es la razón?

Parece admitido que la capacidad reproductora de los animales procedentes de sus lugares de origen es mayor que la de los animales criados en cautividad. Esto es debido a que los criados a mano tienen un “imprinting” (proceso que permite a los animales acostumbrarse a estímulos con los que convivirá durante toda la vida) bastante más marcado. Estos ejemplares se han acostumbrado tanto al ser humano que lo consideran como a un igual, lo que dificulta su posterior actividad reproductora con individuos de la misma especie. Por otra parte, parece que los animales procedentes de la vida salvaje presentan menos problemas de comportamiento (ansiedad, picaje...).

Por todas estas razones, y otras mucho más tangibles, como el menor precio final, existe un gran número de posibles propietarios que siguen buscando los animales procedentes de la vida salvaje.

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