¿Acabarán los lobos domesticados como perros?

Ya ocurrió hace miles de años y quizá la historia se repita: algunos lobos han empezado a convertirse en perros.

¿Acabarán los lobos domesticados como perros?

Esta es la conclusión a la que se ha llegado en un nuevo estudio tras observarse cómo estos animales se alimentan cada vez más de ganado y basura humana, en lugar de cazar presas silvestres, con el consecuente acercamiento al mundo humano. Sin embargo, dadas las características de las sociedades industrializadas de hoy día, esta cercanía podría generar mayores conflictos entre lobos y humanos y acarrear consecuencias desastrosas.

Lee Dugatkin, biólogo evolutivo de la Universidad de Louisville en Kentucky ajeno a la investigación, señala la importancia de este trabajo al “establecer cómo la dieta tiene el potencial para cambiar a un gran depredador”.

Para descubrir de qué manera ingerir alimentos humanos condiciona a los lobos grises, Thomas Newsome, biólogo evolutivo de la Universidad Deakin de Melbourne (Australia) y su equipo examinaron estudios sobre lo que les ha ocurrido a otros grandes carnívoros que viven cerca de las personas. Los leones asiáticos que habitan el área protegida de Gir, en la India occidental, matan y comen sobre todo ganado. Los felinos que van naciendo son menos agresivos con los seres humanos hasta el punto de que los turistas pueden verlos a pie. En Israel, los zorros rojos viven más años y más cerca de las personas cuando se alimentan de sobras. Por el contrario, los osos negros de América del Norte, que cenan desperdicios humanos, tienen más probabilidades de morir jóvenes porque la gente los mata.

En 2014 Newsome estudió una población de dingos en el desierto australiano de Tanami y descubrió que el hábito de alimentarse casi exclusivamente de la comida basura procedente de una instalación de gestión de residuos, los había hecho engordar y ser menos agresivos. También eran más propensos a aparearse con los perros locales y se habían vuelto “descarados”, declara Newsome, atreviéndose a corretear entre sus piernas mientras les preparaba trampas. Lo más curioso es que la población de dingos de los contenedores formó un grupo genético diferente del resto de dingos, lo que indica que se estaban aislando genéticamente, un paso clave para formar una nueva especie.

¿Esto mismo les está ocurriendo a los lobos grises? Newsome señala que los alimentos humanos ya constituyen el 32% de la dieta del lobo gris en todo el mundo. Estos animales se extienden sobre todo por regiones remotas de Eurasia y Norteamérica, sin embargo, algunos ejemplares se están trasladando a zonas desarrolladas. Los lobos en Grecia consumen sobre todo cerdos, cabras y oveja. En España se alimentan de caballos y otros animales. Los lobos iraníes rara vez comen algo que no sean pollos, cabras domésticas y basura humana. "Basándonos en lo que les ha sucedido a estos otros carnívoros [que comen alimentos humanos], pensamos que estos lobos cambiarán", dice Newsome.

La nueva dieta de los lobos podría incidir en muchos aspectos, desde el tamaño de las manadas hasta sus comportamientos sociales, señala el equipo de investigadores. Al igual que ocurre con los dingos, es probable que estos lobos se apareen con perros y, en Norteamérica, con coyotes, apuntan. Newsome espera que comiencen también a divergir genéticamente de los lobos cazadores de presas tal y como ocurrió con los dingos dumpster. Debido a que se cree que los antiguos lobos evolucionaron a perros al ingerir comida y desperdicios en campamentos humanos, podemos estar viendo "los ingredientes de un perro nuevo", argumenta Newsome, quien planea comenzar a probar su idea con los lobos del estado de Washington.

Pero no todos están convencidos. “Dudo que estemos domesticando lobos que comen comida humana”, dice Robert Wayne, un biólogo evolutivo y experto en genética canina de la Universidad de California en Los Ángeles. “Esta dieta es más propensa a matarlos”. A diferencia de los dingos recolectores de basura, que reducen sus territorios, los lobos aún varían mucho de ellos y son menos propensos a aislarse genéticamente de su población. Los linces, coyotes y otros animales que ya están bien integrados en nuestros vecindarios son más propensos a ser domesticados, añade.

Wayne y Newsome coinciden en que, para todas las especies, lo mejor no es la domesticación sino la restauración de sus hábitats y presas naturales en lugares donde puedan evitar a los humanos, al ganado y a la basura. Si los humanos pueden arreglar esto, no tendremos un perro nuevo, dice Newsome, pero todavía tendremos lobos.

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