¿Cómo debe ser la casa de mi roedor?

En nuestras manos está la comodidad y bienestar de nuestro amigo peludo por eso debemos proporcionarle una jaula con unas características concretas. ¡Te contamos!

Deberás sacarle de su casa a menudo
Deberás sacarle de su casa a menudo

Los pequeños mamíferos, en general, pasan una gran parte del día en su casa, en su jaula. Tras unos días de correcto manejo y grandes dosis de paciencia y cariño podrán salir al exterior, disfrutar del contacto con los “de dos patas” y conocer nuestros territorios.

Dejar suelto a un pequeño mamífero por el hogar sin supervisión puede suponer algún que otro daño en el mobiliario y los enseres del hogar. No es la primera vez que alguna familia ha de llamar a un tapicero para reparar el tresillo del salón tras las incursiones del hámster entre los muelles y la goma espuma. Desgraciadamente más de uno de estos animales ha muerto electrocutado al roer los cables eléctricos que se encontró en su camino.

Una jaula, una buena jaula para un pequeño mamífero, es aquella que le permita desarrollar sus funciones fisiológicas y etológicas (comportamiento) como si viviera en libertad, en su medio natural.

Como norma principal diremos que el espacio de la jaula siempre debe tender a “sobrar” más que a “quedarse corto”.

El material debe ser resistente y estar adaptado a las necesidades del roedor

El material deben ser de sencilla limpieza y muy, muy resistentes. Uno de los principales entretenimientos de alguna de las especies de pequeños mamíferos es roer de forma casi compulsiva los barrotes de su casa.

Existen infinidad de diseños, formas, colores... pero siempre debemos tener muy presente que en la elección debe primar la funcionalidad sobre la estética.

Para ciertas especies (ardilla, chinchilla...) es muy importante que la jaula tenga cierta altura para poder trepar. En muchos casos son interesantes los terrarios con fondos “excavables” de unos 3 a 5 centímetros de grosor y compuestos por una mezcla de tierra arcillosa, arena, grava, piedras...

¿Y donde colocamos la jaula?

La localización definitiva del hogar de nuestro pequeño mamífero debe huir de zonas con humos y fuertes olores, como es el caso de las cocinas. Es importante que intentemos alejar la jaula de fuertes sonidos como los emitidos por televisiones y equipos de música.

En lo referente a la temperatura es importante que la jaula se encuentre en una estancia en la que podamos asegurar una temperatura entre los 18 y los 29 grados centígrados, siendo fundamental que esa habitación este libre de corrientes de aire y de cambios bruscos de temperatura.

Debemos pensar que no es adecuado y sí muy peligroso que estos animales estén expuestos a los rayos del sol, por lo que intentaremos evitar la cercanía a ventanas.

Por último, recordemos que sería muy conveniente que la jaula no estuviera ni a ras de suelo ni a gran altura. En esta posición intermedia los animales estarán cómodos y libres de la molestia de otras especies animales que convivan en el hogar, como puede ser el caso de los perros.

Una vez claros los anteriores puntos debemos pensar en los accesorios adecuados para la jaula y para el animal.

En demasiadas ocasiones la jaula de los pequeños mamíferos acaba pareciendo un “rastrillo”, un recinto repleto de objetos de dudosa utilidad que lo único que consiguen es restar espacio vital útil al animal.

Los accesorios deben aportar algo necesario y útil al animal y no deben adquirirse como algo simpático, gracioso y “mono” a los ojos del propietario.
Entre estos objetos encontramos ruedas y otros objetos para el ejercicio, casetas o madrigueras, materiales diversos para la confección de nidos, lechos y juguetes.

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